Carlitos y su amigo el inodoro

Carlitos era un niño al que le gustaba comer con los dedos, beber de la botella y hacerse pipí encima. Un día, buscaba afanosamente un trozo de chocolate que había perdido. Su mamá le decía que el chocolate no aparecería si antes no aprendía a hacer pipí en el inodoro. Pero Carlitos pensó que sería mejor comerse el chocolate y seguir haciéndose pipí encima.Salió corriendo sin decir nada, y buscó y buscó, pero el chocolate no aparecía.

La única habitación que le quedaba por mirar era el cuarto de baño, y allí se dirigió sin mucho convencimiento. Carlitos entró y, efectivamente, no encontró el trozo de chocolate que andaba buscando. Justo cuando daba media vuelta para salir, escuchó que alguien le llamaba.

  • "Psst…¡Eh, Carlitos!".
  • Carlitos se dio media vuelta, pero no vio a nadie.
  • "¡Eh, Carlitos! Soy yo, el inodoro…".
  • Carlitos se lo quedó mirando y se acercó.
  • "¿Cuándo se ha visto que un inodoro hable?" - preguntó con curiosidad.
  • "Es hora de irte conociendo, Carlitos. Eres el único de la casa que aún no se sienta encima mío" - respondió el inodoro.
  • "Es que a mí me resulta más cómodo hacerme pipí encima" - dijo Carlitos, disculpándose.
  • "Verás…Yo me paso todo el día aquí solo, quieto y aburrido" - insistía el inodoro-. "Me gustaría que, cuando tengas ganas de hacer pipí, vinieras y te sentaras encima de mí. De esa forma, me harías compañía y podríamos hablar de muchas cosas".

Viendo que Carlitos todavía no estaba muy convencido, el inodoro siguió insistiendo. - "Además, yo sé dónde está el trozo de chocolate que andas buscando".

  • "¿Dónde?" - preguntó Carlitos, con hambre.
  • "Te lo diré si antes te sientas encima de mí".

 
Carlitos meditó unos segundos y decidió bajarse el pantalón y sentarse sobre el inodoro. A partir de ese día, Carlitos visitó diariamente a su amigo y dejó de hacerse pipí encima. Desde ese día, también, nunca más volvió a perder el chocolate.